Decidimos ir a conocer las montañas del Rif, verdadera cuna del mejor jachís del mundo, a pesar de las advertencias del peligro que supone el viaje pues es una región sin policía ni rey donde nadie vela por la seguridad de los aventurados. Aunque habíamos saboreado y tenido en mano el manjar que vinimos a buscar no nos iríamos agusto hasta ver personalmente qué era eso y cómo se fabricaba. El viaje en coche por el puerto plagado de cerradísimas curvas no anda exento de incidentes. El jachís de las montañas se vende en su mayoría en Chefchaouen a través de intermediarios que suelen ser naturales de la ciudad. A la gente de las montañas este mercado se les mantiene vetado con la presión de las impertinentes denuncias y contínuos chantajes de los más miserables y pobres por lo que al avistar un coche cargado de turistas adentrándose ven en él a posibles clientes cargados de pasta y no escatiman en riesgos con tal de hacer un contacto, por lo que te ves envuelto en una persecución con arriesgadas maniobras hasta que te echan a la cuneta si no paras. Parece que van a atracarte pero solo te ofrecerán jachís y te invitarán a su casa a conocer su familia. Aunque el jachís es uno de los pilares de la economía del norte de Marruecos la Región que comprende el Valle del Rif es una zona pobre, pocos consiguen amasar grandes fortunas y lo normal allí es vivir al día.
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