En nuestro peregrinaje en busca del Huevo habíamos conocido Chefchaouen y algunos de sus entresijos descubriendo en esta un sitio para volver. La llaman la pequeña Granada por su parecido a pueblos andaluces. Fundada por los españoles en su época imperialista originariamente era un punto estratégico fortificado que creció hasta ser la ciudad que es hoy. El fuerte, situado en el plaza principal, hoy sirve como museo y en un tiempo era donde se alojaban los artistas que exponían sus obras en las galerías individuales. Las casas de Chefchaouen son todas blancas con las puertas y ventanas azules, dicen que para espantar a los mosquitos, lo cual le da un tono particularmente bello a los paseos por sus callejuelas. La gente de allí es muy amable y hospitalaria y de un humor desenfadado y tranquilo. Es fácil encontrar allí gente que hable fluídamente cuatro o cinco idiomas que practican con los turistas.
Galerías de Fotografía de Alto Contenido